Este Sábado hemos hecho una pequeña fiestecita en casa para celebrar, junto con los amigos el fin de las horas de hospital, las esperas en las intervenciones quirúrjicas, el dolor de una separación, los comentarios del personal sanitario, las curas sufridas del peque, los lloros en rincones por ese sufrimiento, las noches sin dormir, las horas en vela, las vueltas de cabeza, los pensamientos negativos, las miradas apenadas de amigos y familiares, las preguntas indiscretas, las palabras de consuelo, los "¿por qué a mi?".... y un sin fin de cosas más que acabaron el martes de esta semana con el alta de Álvaro.

Hemos estado merendando, bueno el peque no ha querido la papilla de fruta y eso que estaba de lo más rica y completa, pero que no y que no, y no hay manera, cierra la boca, aprieta los labios y la cuchara no entra por nada, y si conseguimos que coma un poquito lo escupe....ainsss, qué niño. Decir, que la papilla de verdura (patata y judía verde) de al mediodía se la ha comido, incluso él se acercaba a la cuchara. Ya veremos como evoluciona este tema, porque me apetece que siga comiendo y que le gusten los nuevos sabores, eso sí, yo sigo dándole el pecho junto con las papillas. Jejeje, espero que no sea tan cabezón como yo, porque de pequeña me negaba a comer y cuando yo decía que no era rotundo.... mis padres se desesperaban conmigo, ya que apenas llegaba a comer un yogurt diario. Espero que en este aspecto, de verdad, no quiero que se parezca a mi, porque sigo igual de tisquimisquis con la comida.

La merienda ha ido muy bien, hablando, riéndonos, en definitiva celebrando una alegría, un gran momento. Comentando que ahora empezamos a vivir y disfrutar sin una fecha tope en la que basarnos, sino que es el día a día, una familia que quiere ser familia y vivir cómo tal.

Besitos